lunes, 8 de octubre de 2012

La preeminencia del Socialismo




Dedicado a la victoria del Socialismo bolivariano
 en Carabobo del 7-O
 y al Guerrillero Inmortal Comandante Ché Guevara.

El fin de la Historia y el último hombre: pregona occidente sobre los pétreos escombros del muro de Berlín. El astuto Fukuyama juega según las reglas del country of foxes. Regenera en una tesis, en plena modernidad, los ojos mortíferos de Medusa. Audaz y complaciente, aupado por las corporaciones, frente al trofeo de la  Guerra Fría, derriba finalmente la calva cabeza de Gorbachov. No tiene límites la soberbia del hombre. Dios sonríe, y el planeta continúa imponiendo la prole infinita de los días y las noches. Sin embargo es cierto: la potencia socialista prevaleciente hasta entonces; La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se ha desmoronado. El mundo se desequilibra, se trastorna, anda defraudado. ¿Cómo ha podido ser? ¿No fue aquella una revolución radical, paridora de un nuevo orden y sistema? ¿Cómo esta nación, que ha sacrificado a la causa de la humanidad millones de sus mejores hijos, combatiendo el fascismo imperialista, afianzando un poderío inobjetable, culmina siendo un montículo de naipes en el suelo? Las dudas invaden y desarman. Ahora, con fuerza terrible, se revelan y avanzan los miasmas de las tinieblas del Capitalismo; el neoliberalismo y su hermana gemela la posmodernidad. Escribiría Martí, certero el catalejo: en política, lo real es lo que no se ve. Se enajenaba el Soviets Supremo ante la mirada del nuevo pueblo soviético, y satisfecho en lo saludable de los fines de su política pública, sentía aun en sus miembros, el fantasma de la manca metodología. Creció la disidencia de las uniones forzadas y  también los privilegios de los funcionarios y de los intelectuales domésticos. La macrocefalia zarista de Moscú no tuvo teoría para explicar el desencanto ciudadano, entretenida  y suspirosa, como condenada en el primer círculo del Infierno, con los nuevos jugueticos de Bill Gates. Y de ella se reían en el White House, porque finalmente había mordido en el anzuelo. Era cuestión de tiempo según calculaban los poderes fácticos del norte. Ignorantes de raíz del movimiento real de la sociedad que muy bien definió García Linera, se dieron de narices ante las anunciadas rebeliones de los pueblos de Nuestra América. Allí estaba Cuba todavía, agigantada y barbuda, sin banalismos, sin renunciar a su historia, vuelta toda una universidad, repensando el Socialismo con todos y para bien de todos, sujetada del amor, y en el valor de las ideas que lo sustentan. Convencida de su preeminencia; convoca, discute, argumenta  en el concurso de los criterios diversos y universales, lo que es lógica y matemática de un tiempo. Mientras que, de las calles de Guarenas, brota un grito de confirmación que resuena en la Argentina y se multiplica por estelares altavoces en la Plaza del Sol, en Wall Street y en Quebec. ¡Socialismo! ¡Socialismo! Es el clamor de la masa humana que se aglutina voluntariamente intuyendo la mentira y el ardid de Fukuyama. No ha acabado la historia, la historia ahora es que comienza. No estamos conectados como Neo a una máquina de utopías involutivas y de idealismos superfluos. Hay futuro por delante. Y para nosotros nuestroamericanos, tenemos ante nuestros ojos la posibilidad de crear  la más grande nación del mundo, menos por su extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Nuestro potencial mayor está en nuestro Hombre, hecho para el sacrificio y el dominio de la naturaleza irreverente. Amantes más que nadie de la paz, de la justicia y de la libertad, porque un día las conocimos y otro nos fueron arrebatadas. ¿Que pueblos han sufrido más la barbarie y el despotismo de los imperialismos, que estos los vilipendiados del sur, inexorablemente unidos por la globalización capitalista en la miseria y en el despojo de nuestras riquezas y valores culturales? Nos asiste un derecho providencial a la verdadera independencia y a la vida digna. Y esos derechos sólo pueden ser conquistados por el Socialismo o por los socialismos como ya acontece. El proyecto socialista en Nuestra América demuestra su capacidad para dar solución a las impostergables problemáticas generadas por el orden capitalista, y cuando no las tiene, las busca, pues es el ser humano el motivo que lo impulsa. Sociedades de pura invención y ciencia en todas sus dinámicas se desarrollan. Es principio elemental requerir del consenso de las ideas diversas y de la participación consciente del sujeto protagónico: el hombre y la mujer nuevos, sin olvidar que no hay creación humana perfecta. Un error en este sentido y en este momento histórico equivale a costosos retrocesos y cambiar el curso del los acontecimientos globales. No obstante: ¿No han sido los regímenes sociales en la solución de sus contradicciones históricas una evolución hacia estratos superiores y más perfectos del movimiento vital? Pecado ha sido creer saber cómo se construye una sociedad. La sociedad humana actual y futura es patrimonio del trabajo acumulado y colectivo de millones de seres humanos, unos más y otros menos conscientes de ello. Como ya hemos visto no es en el desarrollo de un poderío militar o tecnológico donde descansa su real fuerza; son estas, herramientas para dar felicidad, la primera es garante la segunda simplificación; sino en el increíble potencial del colectivo para ser esencialmente humano.  En esa dirección deben orientarse todos los factores que inciden en la formación del hombre nuevo, sin dejar de lado la búsqueda de la espiritualidad necesaria, la espiritualidad del amor. Decía el Ché: el verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor. El Socialismo no puede ser una sociedad vacía, una sociedad sin alma, una sociedad sin amor. Y la sensibilización comienza en la revalorización de las buenas virtudes humanas y en la creación de las condiciones históricas para su pleno ejercicio o viceversa; como nos enseñara Jesucristo el primer comunista. Porque se pueden hacer cosas buenas y útiles sin amor, y somos al decir de Pablo apóstol: metal que resuena, címbalo que retiñe. Es entonces el amor, causa y efecto en el Socialismo. Todo cuanto ha acontecido en la breve historia de la humanidad ha sido para llegar a estos términos, de ahí la preeminencia del Socialismo, su necesidad, y dentro de el, la preeminencia del amor.

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