Dedicado a la victoria del Socialismo bolivariano
en Carabobo del 7-O
y al Guerrillero Inmortal Comandante Ché Guevara.
El fin de la Historia y el último
hombre: pregona occidente sobre los pétreos escombros del muro de Berlín. El
astuto Fukuyama juega según las reglas del country of foxes. Regenera en una tesis,
en plena modernidad, los ojos mortíferos de Medusa. Audaz y complaciente,
aupado por las corporaciones, frente al trofeo de la Guerra
Fría, derriba finalmente la calva cabeza de Gorbachov. No
tiene límites la soberbia del hombre. Dios sonríe, y el planeta continúa
imponiendo la prole infinita de los días y las noches. Sin embargo es cierto:
la potencia socialista prevaleciente hasta entonces; La Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas, se ha desmoronado. El mundo se desequilibra, se
trastorna, anda defraudado. ¿Cómo ha podido ser? ¿No fue aquella una revolución
radical, paridora de un nuevo orden y sistema? ¿Cómo esta nación, que ha
sacrificado a la causa de la humanidad millones de sus mejores hijos,
combatiendo el fascismo imperialista, afianzando un poderío inobjetable,
culmina siendo un montículo de naipes en el suelo? Las dudas invaden y
desarman. Ahora, con fuerza terrible, se revelan y avanzan los miasmas de las
tinieblas del Capitalismo; el neoliberalismo y su hermana gemela la
posmodernidad. Escribiría Martí, certero el catalejo: en política, lo real es lo que no
se ve. Se enajenaba el
Soviets Supremo ante la mirada del nuevo pueblo soviético, y satisfecho
en lo saludable de los fines de su política pública, sentía aun en sus
miembros, el fantasma de la manca metodología. Creció la disidencia de las
uniones forzadas y también los
privilegios de los funcionarios y de los intelectuales domésticos. La
macrocefalia zarista de Moscú no tuvo teoría para explicar el desencanto
ciudadano, entretenida y suspirosa, como
condenada en el primer círculo del Infierno, con los nuevos jugueticos de Bill
Gates. Y de ella se reían en el White House, porque finalmente había mordido en
el anzuelo. Era cuestión de tiempo según calculaban los poderes fácticos del
norte. Ignorantes de raíz del movimiento real de la sociedad que
muy bien definió García Linera, se dieron de narices ante las anunciadas
rebeliones de los pueblos de Nuestra América. Allí estaba Cuba todavía,
agigantada y barbuda, sin banalismos, sin renunciar a su historia, vuelta toda una
universidad, repensando el Socialismo con todos y para bien de todos,
sujetada del amor, y en el valor de las ideas que lo sustentan. Convencida
de su preeminencia; convoca, discute, argumenta
en el concurso de los criterios diversos y universales, lo que es lógica
y matemática de un tiempo. Mientras que, de las calles de Guarenas, brota un
grito de confirmación que resuena en la Argentina y se multiplica por estelares altavoces
en la Plaza del
Sol, en Wall Street y en Quebec. ¡Socialismo! ¡Socialismo! Es el clamor de la
masa humana que se aglutina voluntariamente intuyendo la mentira y el ardid de
Fukuyama. No ha acabado la historia, la historia ahora es que comienza. No
estamos conectados como Neo a una máquina de utopías involutivas y de
idealismos superfluos. Hay futuro por delante. Y para nosotros
nuestroamericanos, tenemos ante nuestros ojos la posibilidad de crear la más grande nación del mundo, menos por su
extensión y riquezas que por su libertad y gloria. Nuestro potencial
mayor está en nuestro Hombre, hecho para el sacrificio y el dominio de la
naturaleza irreverente. Amantes más que nadie de la paz, de la justicia y de la
libertad, porque un día las conocimos y otro nos fueron arrebatadas. ¿Que
pueblos han sufrido más la barbarie y el despotismo de los imperialismos, que
estos los vilipendiados del sur, inexorablemente unidos por la globalización
capitalista en la miseria y en el despojo de nuestras riquezas y valores
culturales? Nos asiste un derecho providencial a la verdadera independencia y a
la vida digna. Y esos derechos sólo pueden ser conquistados por el Socialismo o
por los socialismos como ya acontece. El proyecto socialista en Nuestra América
demuestra su capacidad para dar solución a las impostergables problemáticas
generadas por el orden capitalista, y cuando no las tiene, las busca, pues es
el ser humano el motivo que lo impulsa. Sociedades de pura invención y ciencia
en todas sus dinámicas se desarrollan. Es principio elemental requerir del
consenso de las ideas diversas y de la participación consciente del sujeto
protagónico: el hombre y la mujer nuevos, sin olvidar que no hay creación
humana perfecta. Un error en este sentido y en este momento histórico equivale
a costosos retrocesos y cambiar el curso del los acontecimientos globales. No
obstante: ¿No han sido los regímenes sociales en la solución de sus
contradicciones históricas una evolución hacia estratos superiores y más
perfectos del movimiento vital? Pecado ha sido creer saber cómo se construye
una sociedad. La sociedad humana actual y futura es patrimonio del trabajo
acumulado y colectivo de millones de seres humanos, unos más y otros menos
conscientes de ello. Como ya hemos visto no es en el desarrollo de un poderío
militar o tecnológico donde descansa su real fuerza; son estas, herramientas para
dar felicidad, la primera es garante la segunda simplificación; sino en el
increíble potencial del colectivo para ser esencialmente humano. En esa dirección deben orientarse todos los
factores que inciden en la formación del hombre nuevo, sin dejar de lado la búsqueda
de la espiritualidad necesaria, la espiritualidad del amor. Decía el Ché: el
verdadero revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor. El
Socialismo no puede ser una sociedad vacía, una sociedad sin alma, una sociedad
sin amor. Y la sensibilización comienza en la revalorización de las buenas
virtudes humanas y en la creación de las condiciones históricas para su pleno
ejercicio o viceversa; como nos enseñara Jesucristo el primer comunista. Porque
se pueden hacer cosas buenas y útiles sin amor, y somos al decir de Pablo apóstol:
metal
que resuena, címbalo que retiñe. Es entonces el amor, causa y efecto en
el Socialismo. Todo cuanto ha acontecido en la breve historia de la humanidad
ha sido para llegar a estos términos, de ahí la preeminencia del Socialismo, su necesidad, y
dentro de el, la preeminencia del amor.
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