Desde el pico Bolivar se oye un
grito que retumba por todo el continente. Se agita, emocionado, por el
advenimiento de una nueva era, el pecho de Nuestra América. Despiertan los
pueblos, a la luz de un sol moralizante, después de doscientos años de miseria y
explotación. Se ha cumplido la profecía de Túpac Katari, el canto de millones,
corre por las venas enardecidas de la naturaleza irreverente, que activa en la genética
de sus hijos, hembras y varones de hoy, la dignidad de un sentimiento patrio y emancipador.
Los Andes de fuego se yerguen levantando la frente de la gran nación, que no
pide consentimientos para proclamarse, porque es dueña de su destino y conoce,
que la tarea que se le manifiesta es beata y salvadora. Diría un Vallejo, nunca
sino ahora, hubo pueblos conscientes y dispuestos a echar la vida por la verdadera
liberación del ser humano. Nunca sino ahora, hubo pueblos aptos para raigales
revoluciones. Nunca sino ahora, hubo gentes con mayor vocación para el Socialismo.
Aún apareciendo Sarmientos o Buendías, en lo real o en lo ficticio, nada limitará
la geografía que ha sido consumada para el gobierno de la justicia. Lo real
maravilloso nuestro americano es. Y si hay águilas imperiales, hay cóndores en el cielo con agudas pupilas que
escrutan los arrebatos de Buckingham o de Wall
Street, o de los intestinos cipayos que no saben de la fisiología de la
historia y retienen infructuosamente a los sietemesinos. Estos, nos desprecian más que
aquellos; los que intentaron mancillar el honor de Miranda y Cajigal, por no
reconocerles el mérito y la virtud a nuestros pueblos. Cuya pretensión
ha sido; amar la tierra en que nacieron; buscar el
equilibrio con la naturaleza y el universo; trabajar estoicamente; vivir en paz y en libertad. No hay
delirios imperiales en Nuestra América. Quien en ella ve peligro, codicia
nuestro potencial, envidia la originalidad de la creación latina, o nos
discrimina con inhumano sentimiento de apartheid. Lo tenemos todo para ser,
bolivarianamente hablando, la más grande nación del mundo. ¿Acaso no somos
nosotros los hijos de un pueblo que construyó ciudades sobre lagos y entre las
nubes de los cielos? ¿Acaso no somos nosotros los hijos de un pueblo que sembró
una cultura en las arenas del desierto del Perú? Calles y acueductos a miles de
metros sobre el nivel del mar, escuelas de oficios y militares mucho antes del
arribo de Colón. ¿No somos nosotros los hijos de un pueblo que descifró con
certeza la ruta de planetas y estrellas?¿ Acaso no somos nosotros los hijos de
Moctezuma, de Hidalgo y San Martín, de Bolivar y Martí?¿ No somos de la estirpe
de Manuela Sáenz y de Mariana Grajales? ¿No hay entre nosotros un Ché Guevara,
un Fidel, un Ojeda, un Sandino? ¿O es que son europeas las obras de Neruda, las
arquitecturas de Niemeyer, la enciclopedia de Borges? ¿Y la música con que baila
el mundo no es nuestra ; la rumba contagiosa, el son, los melódicos
ballenatos, las poéticas gaitas y el tango presumido? Somos herederos de una
cultura de prodigios y por tanto prodigioso es nuestro porvenir. ¿Por qué
entonces algunos miran con recelo, como si no fuésemos en verdad hermanos? ¿No
bastan los antecedentes históricos comunes? Somos hermanos por la sangre y por
el alma. Andan los tres llaneros , bajo
el mismo sol, sobre la misma tierra, en el mismo caballo.Conquistan la aridez de tantos días en
soledad: el
mexicano, el apureño, el de la pampa argentina. Pajarote, se nombran. ¿Que diferencia hay entre la Jungla de Lam y la de Quiroga? En las dos sobreviven
míticos seres y espíritus. Mackandal transfigurado en tigre o mariposa , ha
sido visto en la culta Jacmel, en las favelas de Ciudad México y de Río de
Janeiro. Incluso
más allá del río Bravo, en las tierras robadas de Texas y
California. Finalmente el Tío Sam será enjuiciado por la historia y pagará con
creces su atrevimiento: La cultura latina se afianza y prolifera con
predominancia, como en el siglo XIX , cuando buena parte de la historia de los
Estados Unidos fue salvada por la profética literatura de Martí, quien dio vida
y luz a las tertulias de New York. La ciudad que todo lo olvida en un segundo
según escribiera; el país de las amnesias imperdonables, enfermo de un crónico
ptialismo por nuestros recurso naturales y energéticos. Disfraza su pretórica
política con gendarmes antidrogas que financian el consumo y pendencieras ONG; las
monjas casquivanas que atizan nuestras necesarias diferencias. Y mientras el
hermano pugna con su hermano, mister Danger aprovecha y mete la mano. Pero ahora,
vueltas las caras, ante el llamado de la patria grande, somos más los que
queremos la escuela social de Simón Rodríguez, y vivir en el evangelio de la
revolución socialista, con el convencimiento de que sólo así se puede refundar
a las repúblicas en una sola y encontrar los caminos diversos de la prosperidad. A esos caminos vendrán los que un día,
obnubilados por los cantos de Sirenas del imperialismo, hicieron oficio de
mendigo ante las burguesías apátridas para aliviar el hambre de un día. Recuerden
indecisos, que la burguesía siempre ha sido traidora, desde 1789, cuando rodaron
por el suelo las melenudas cabezas de Francia, hasta hoy, en que un congreso
burgués innova un juicio sumarísimo y derroca al presidente elegido por el
pueblo. No se avergüencen si un día, sienten el llamado de la patria; de la misma
manera en que Pablo escuchó la voz de Dios mientras perseguía a los cristianos , e iluminado por la verdad abrazó el evangelio de Jesús. Así abracen ustedes el evangelio de amor que es la Revolución. Porque
ella, diciéndolo con bíblicas palabras, habiendo pasado por alto los tiempos de
esta ignorancia, los esperará como el
padre al hijo pródigo. Miremos con optimismo el futuro luminoso de la patria
grande: un continente trenzado por veloces trenes y poderosos aviones. Vean al
hombre nuevo estudiar la bioquímica de la flores y el aprovechamiento de la
energía del sol; veanlo sobre formidables máquinas agrícolas, entre el bullicio
de industrias perfectamente acopladas con la naturaleza; levantando prósperas e
ingeniosas ciudades; en el concierto del Sistema y en el teatro de La Colmenita. Veanlo a bordo de
colosales Ferrys ; enrumbando satélites al cielo y conociendo los misterios aún
indescifrables de la luz.Veanlo un buen cristiano y revolucionario, llevándole
al mundo un mensaje de paz y de amor; orgulloso de esta patria donde ha nacido que
se hace llamar Nuestra América.
No hay comentarios:
Publicar un comentario