domingo, 23 de septiembre de 2012

La gran nación.



Desde el pico Bolivar se oye un grito que retumba por todo el continente. Se agita, emocionado, por el advenimiento de una nueva era, el pecho de Nuestra América. Despiertan los pueblos, a la luz de un sol moralizante, después de doscientos años de miseria y explotación. Se ha cumplido la profecía de Túpac Katari, el canto de millones, corre por las venas enardecidas de la naturaleza irreverente, que activa en la genética de sus hijos, hembras y varones de hoy, la dignidad de un sentimiento patrio y emancipador. Los Andes de fuego se yerguen levantando la frente de la gran nación, que no pide consentimientos para proclamarse, porque es dueña de su destino y conoce, que la tarea que se le manifiesta es beata y salvadora. Diría un Vallejo, nunca sino ahora, hubo pueblos conscientes y dispuestos a echar la vida por la verdadera liberación del ser humano. Nunca sino ahora, hubo pueblos aptos para raigales revoluciones. Nunca sino ahora, hubo gentes con mayor vocación para el Socialismo. Aún apareciendo Sarmientos o Buendías, en lo real o en lo ficticio, nada limitará la geografía que ha sido consumada para el gobierno de la justicia. Lo real maravilloso nuestro americano es. Y si hay águilas imperiales, hay  cóndores en el cielo con agudas pupilas que escrutan los arrebatos de Buckingham o de Wall Street, o de los intestinos cipayos que no saben de la fisiología de la historia y retienen infructuosamente a los  sietemesinos. Estos, nos desprecian más que aquellos; los que intentaron mancillar el honor de Miranda y Cajigal, por no reconocerles el mérito y la virtud a nuestros pueblos. Cuya pretensión ha sido; amar la tierra en que nacieron;  buscar el equilibrio con la naturaleza y el universo; trabajar estoicamente; vivir en paz y en libertad. No hay delirios imperiales en Nuestra América. Quien en ella ve peligro, codicia nuestro potencial, envidia la originalidad de la creación latina, o nos discrimina con inhumano sentimiento de apartheid. Lo tenemos todo para ser, bolivarianamente hablando, la más grande nación del mundo. ¿Acaso no somos nosotros los hijos de un pueblo que construyó ciudades sobre lagos y entre las nubes de los cielos? ¿Acaso no somos nosotros los hijos de un pueblo que sembró una cultura en las arenas del desierto del Perú? Calles y acueductos a miles de metros sobre el nivel del mar, escuelas de oficios y militares mucho antes del arribo de Colón. ¿No somos nosotros los hijos de un pueblo que descifró con certeza la ruta de planetas y estrellas?¿ Acaso no somos nosotros los hijos de Moctezuma, de Hidalgo y San Martín, de Bolivar y Martí?¿ No somos de la estirpe de Manuela Sáenz y de Mariana Grajales? ¿No hay entre nosotros un Ché Guevara, un Fidel, un Ojeda, un Sandino? ¿O es que son europeas las obras de Neruda, las arquitecturas de Niemeyer, la enciclopedia de Borges? ¿Y la música con que baila el mundo no es nuestra ; la rumba contagiosa, el son, los melódicos ballenatos, las poéticas gaitas y el  tango presumido? Somos herederos de una cultura de prodigios y por tanto prodigioso es nuestro porvenir. ¿Por qué entonces algunos miran con recelo, como si no fuésemos en verdad hermanos? ¿No bastan los antecedentes históricos comunes? Somos hermanos por la sangre y por el alma. Andan los tres llaneros , bajo el mismo sol, sobre la misma tierra, en el mismo caballo.Conquistan la aridez de  tantos  días en soledad: el mexicano, el  apureño, el de la pampa argentina. Pajarote, se nombran. ¿Que diferencia hay entre la Jungla de Lam  y la de Quiroga? En las dos sobreviven míticos seres y espíritus. Mackandal  transfigurado en tigre o mariposa , ha sido visto en la culta Jacmel, en las favelas de Ciudad México y de Río de Janeiro. Incluso más allá del río Bravo, en las tierras robadas de Texas y California. Finalmente el Tío Sam será enjuiciado por la historia y  pagará con creces su atrevimiento: La cultura latina se afianza y prolifera con predominancia, como en el siglo XIX , cuando buena parte de la historia de los Estados Unidos fue salvada por la profética literatura de Martí, quien dio vida y luz a las tertulias de New York. La ciudad que todo lo olvida en un segundo según escribiera; el país de las amnesias imperdonables, enfermo de un crónico ptialismo por nuestros recurso naturales y energéticos. Disfraza su pretórica política con gendarmes antidrogas que financian el consumo y pendencieras ONG; las monjas casquivanas que atizan nuestras necesarias diferencias. Y mientras el hermano pugna con su hermano, mister Danger aprovecha y mete  la mano. Pero ahora, vueltas las caras, ante el llamado de la patria grande, somos más los que queremos la escuela social de Simón Rodríguez, y vivir en el evangelio de la revolución socialista, con el convencimiento de que sólo así se puede refundar a las repúblicas en una sola y encontrar los caminos diversos de la prosperidad.  A esos caminos vendrán los que un día, obnubilados por los cantos de Sirenas del imperialismo, hicieron oficio de mendigo ante las burguesías apátridas para aliviar el hambre de un día. Recuerden indecisos, que la burguesía siempre ha sido traidora, desde 1789, cuando rodaron por el suelo las melenudas cabezas de Francia, hasta hoy, en que un congreso burgués innova un juicio sumarísimo y derroca al presidente elegido por el pueblo. No se avergüencen si un día, sienten el llamado de la  patria; de la misma manera en que Pablo escuchó la voz de Dios mientras perseguía a los cristianos , e iluminado por la verdad abrazó el evangelio de Jesús. Así abracen ustedes el evangelio de amor que es la Revolución. Porque ella, diciéndolo con bíblicas palabras, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia,  los esperará como el padre al hijo pródigo. Miremos con optimismo el futuro luminoso de la patria grande: un continente trenzado por veloces trenes y poderosos aviones. Vean al hombre nuevo estudiar la bioquímica de la flores y el aprovechamiento de la energía del sol; veanlo sobre formidables máquinas agrícolas, entre el bullicio de industrias perfectamente acopladas con la naturaleza; levantando prósperas e ingeniosas ciudades; en el concierto del Sistema y en el teatro de La Colmenita. Veanlo a bordo de colosales Ferrys ; enrumbando satélites al cielo y conociendo los misterios aún indescifrables de la luz.Veanlo un buen cristiano y revolucionario, llevándole al mundo un mensaje de paz y de amor; orgulloso de esta patria donde ha nacido que se hace llamar Nuestra América.

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