y mi silencio fue tan largo como un cromosoma.
Sufrí por la sapiencia
de los caminos que confluyen en mí
y por las cuentas diversas de tu sonajero.
Lanzaron palabras de saliva a mi cara
y en mi puerta plantaron canes ajusticiadores.
Ignorantes.
Resistió la cera de mis alas
mis pies no delataron la estatura de mi verso.
Ahora mi cielo es una sola llamarada.