para Dudamel
Ardes y suspiras sobre la cuenca magnífica de mi brazo.
Que manera de elevar un sueño desde el íntimo agujero
donde agacha su cabeza el corazón para darle alimento al abanico.
Libre libre soy en tu presencia.
Cuantas estaciones de feliz nostalgia se ciñen a tu cintura pan de Cristo
para sembrarnos el universo increíble del milagro
que tiene su nacimiento en los ojos de las mariposas.
Me descubrí en el madero que resguarda tus sollozos
y quedé siendo la columna vertebral de tu hechizo.
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