Con el labio florecido anda María Tudare desde que conoció el verdadero rostro de Bolívar. Habla como lanzando palomas al cielo, porque ha encontrado según dice : el sentido de la vida. María era una mujer entre muchas mujeres, de esas que tienen virtud para los hijos y hombros para llevar los pilares de una nación. Ciega estaba por el dolor de vivir en la miseria y en la ignorancia; que es la miseria más criminal. El alma tenía en la tentación del odio cuando un día de su historia, vinieron a ella una cuadrilla de hombres y mujeres con gorras y franelas incendiadas por un rojo corazón.
- Viviremos y venceremos María!!
La saludaron y la bendijeron en el nombre del Señor. Le contaron de los siglos que venía siendo un guiñapo de mujer, perdida en las turbulentas marejadas del tiempo. Le hablaron de la Revolución y de sus misiones socialistas, que como la digna luz del sol, irradiaba en los valles ,en las montañas, en la selva meridiana y en los cerros de las grandes ciudades.Le hablaron también de un hombre inquebrantable como Bolívar, en cuyo rostro se mostraban todos los rostros de la patria; le hablaron de Hugo Chávez. Y fue entonces que, cual si fuera la divina saliva de Jesús, se le abrieron los ojos del alma doliente y buena todavía. Se descubrió a si misma, y no lo pensó dos veces para irse por lo cerros , por los valles y las montañas, por la selva meridiana, a hacer la obra magnífica que reclamaba la patria. Ahora canta , aclara, siembra, construye sin descanso y con infinita alegría , un futuro para los hijos que se le han multiplicado entre las manos: esa ha sido su tarea apostólica desde que conoció, en un día de milagros, el verdadero rostro de Bolívar.
- Viviremos y venceremos María!!
La saludaron y la bendijeron en el nombre del Señor. Le contaron de los siglos que venía siendo un guiñapo de mujer, perdida en las turbulentas marejadas del tiempo. Le hablaron de la Revolución y de sus misiones socialistas, que como la digna luz del sol, irradiaba en los valles ,en las montañas, en la selva meridiana y en los cerros de las grandes ciudades.Le hablaron también de un hombre inquebrantable como Bolívar, en cuyo rostro se mostraban todos los rostros de la patria; le hablaron de Hugo Chávez. Y fue entonces que, cual si fuera la divina saliva de Jesús, se le abrieron los ojos del alma doliente y buena todavía. Se descubrió a si misma, y no lo pensó dos veces para irse por lo cerros , por los valles y las montañas, por la selva meridiana, a hacer la obra magnífica que reclamaba la patria. Ahora canta , aclara, siembra, construye sin descanso y con infinita alegría , un futuro para los hijos que se le han multiplicado entre las manos: esa ha sido su tarea apostólica desde que conoció, en un día de milagros, el verdadero rostro de Bolívar.
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