Por la frente de la brújula
se trepa el áureo medallón.
El día comienza a ofrecer los cánticos de los pájaros
inocentes
en los árboles inocentes
en la tierra inocente.
Y pienso en ti ciudad heroica
en los abiertos muñones de tu dolor
y te envuelvo y te acaricio con este vendaje de palabras
con esta fé
con estos soberanos sentimientos.
Levántate Santiago
sobre mi negra espalda y toma de mi sangre
la valerosa raíz que me diste un día.
Levántate Santiago
como es lógica tu recia costumbre de sobrevivir
en el paisaje agreste
cimarrona.
Levántate Santiago
como ese sol maniguero que empina
la radiante dignidad que de ti me llega
y que no sean tus escombros ni tus muertos
sino tu historia mítica y rebelde
la arteria que reviente en mi verso.
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