Para prevalecer el lobo tuvo que modificar sus tácticas.Había creado más de 500 institutos de investigación sobre pastores y ovejas, no obstante aun sentía los reclamos de los voraces estómagos de la manada. Resulto que la literatura y el cine explotaron en demasía la mística del lobo y sin queriendo desclasificaron siglos de artimañas de caza. El lobo perdió así su etiqueta de animal feroz y pasó a ser un mamífero común y burlesco.Lo llamaron incluso perro hambriento.(Que conste esto para él es una gran ofensa).Imagínese hacer público sus más refinadas tácticas y estrategias, es como quitarle al oso hormiguero la lengua o al murciélago el órgano de la ecolocalización.Es lógico ahora que pastores y rebaños se hayan multiplicado. Pero lo raro es ver, a una comunidad de pastores protestando por los derechos del lobo ante los predios de Hollywood y de Augusto Monterroso mientras en las tibias cabañas, las pastoras cantan y sirven un sabroso cocido de desayuno, a su antaño enemigo del bosque.
sábado, 29 de junio de 2013
martes, 18 de junio de 2013
Flechas de dragones.
Déjate amar
Y al corazón virtuoso
no tientes.
No sea que después lamentes
El tiempo perdido
sin anclar.
Déjate amar.
Te digo
Humildemente:
una frente
Sólo hay
Lícita para juzgar.
Déjate amar:
Espanta esa tarde de vinagre.
Y no me odies por ser bueno.
domingo, 9 de junio de 2013
Canción para los ancianos
Ancianos del mundo
Escuchad este canto que Dios envía.
Colirio para los ojos sin certeza,
Abono para la soledad
Que aun no ha dado plantas ni frutos.
Ancianos que moráis
Sin cobija de materia o de espíritu,
Sobre el pavimento de las calles,
En el plástico de los asientos en los hospitales,
Guarecidos en la calefacción de los periódicos.
Ancianos que habitáis
En los hogares de ancianos,
En los pasillos infinitos de la paciencia,
En espera, más que de muerte,
de las manos de los suyos.
Ancianos en los que siempre la esperanza
Fue soldado de batalla contra el olvido,
Ya sin memoria
O en la turbulenta marejada de los recuerdos.
Confiad y se les hará justicia.
Confiad ahora, cuando los años,
Endurecidos también por el calcio de los huesos,
Se nos agolpan ante el rostro
Queriendo tumbar de una vez la misericordia
Y postrarnos en camas de hierro
Sin simulacros de tortura
Conectados a placentas artificiales
Y a fluidos que engrosan aun más
La lágrima del vivir.
Si pudierais ver con iguales colores
El paisaje que yo veo,
La alegría de la naturaleza,
La frescura de la hierba.
El vigor que refulge en la piel
De los caballos bajo el sol,
Los plátanos abanicando este jarabe del viento.
¡Ay si pudierais, como antes,
Sentir con juventud la vida
Y estar en el amor de los hijos y la familia.
Aquel tiempo de pensar el presente,
Con el arte de hacer gloriosa la existencia,
Aún cuando la dicha fuese relegada
A tener de las manos la seguridad de los nietos!
Aquellos tiempos, oh viejos,
Ya con la sonrisa incompleta,
En que el cariño no era
Uno de los subproductos del trabajo.
¿Quiénes son los que te restriegan en la cara
Tus púrpuras seniles,
Tus temblores de Parkinson,
Tu apoplejía, tu incontinencia,
Tus malos humores,
Tu reciente y caprichosa manera de ser?
Son bárbaros con vísceras de metal,
Confinados de antemano a la miseria,
Herederos de la soledad,
Cuya frente herida por el sol,
No se atreverá a pedir una limosna de cariño.
Se acordarán mañana
Que un día desterraron la palabra mamá,
La palabra papá.
Y sabrán por qué duele en el corazón
La artrosis de los huesos.
Y por qué son primeras las escaras del alma.
Y por qué la demencia es hija de la nostalgia.
Y por qué uno se aferra
A cualquier tronquito que parezca amor.
Pero tened fe hermanos míos,
Se les hará justicia.
Ante todo perdonad la carcoma del mundo,
Sus órganos de laboratorio
Su eterna vocación para la maldad.
No son culpables de la semilla estéril,
Ni de la otra de espinos que brotan en la carne.
Perdonad para que sea venerable
El algodón de vuestras cabezas
Y bendita el agua que emana
De las cataratas de los ojos.
Perdonen y sientan,
El diamante del cuerpo
la partícula de Dios
Que va más allá del ocaso de la vida,
Eso que nosotros llamamos alma.
sábado, 1 de junio de 2013
Miel del corazón.
Exilias los viejos recuerdos
para no ver el rostro de tu padre
y la partida prematura de tu madre.
No escondes tu desprecio; lo viviste temprano
y chupas ese cigarro oxidado
sosegando la ira de tus pies descalzos.
Nadie pudo hacerte un cuento,
el tuyo era casi de orfanato,
sexo grosero a la intemperie
a la rubia con areolas de luna
entre picaduras de limones y bojotes de caña
sin esperar mejor suerte
viendo al amor con asombro
huir dando alaridos como un perro.
Nadie te enseñó nada del calostro elemental de la vida.
Por eso dejaste a un lado los balines de cristal
y fuiste la bola chocante de afilado respeto
apodado como se apoda el silencio
siempre con miedo.
Pero debajo hay un hombre
y sus miedos son los mios.
Ahora las palabras le salen como soles incandescentes
soles de verdades que no tiemblan
que no disimulan para darte por el pecho
o rajar el vestido que tapa los moretones.
Debajo hay un vencedor
y yo lo prefiero como se prefiere el rojo auténtico de las rosas
o las tibias sales del mar.
Él no me esconde su dolor
tampoco me esconde sus principios.
Lo vivido es un río que corre sin hipocresía
y las aguas son buenas para regar mi experiencia.
Debajo hay un padre
y me ha dicho que su frontera política
su raíz patriótica
es un hijo que espera
sin reparar en sus defectos
sin pensar en las virtudes que tanto alimentan
porque a su edad su padre es como agua
o como leche imprescindible.
Debajo hay un hijo
el niño de libres pajaritos y lagartijos
que ha dejado atrás la púa encarnada
que ha comenzado a pulirse por el otro
y a parir miel del corazón.
para no ver el rostro de tu padre
y la partida prematura de tu madre.
No escondes tu desprecio; lo viviste temprano
y chupas ese cigarro oxidado
sosegando la ira de tus pies descalzos.
Nadie pudo hacerte un cuento,
el tuyo era casi de orfanato,
sexo grosero a la intemperie
a la rubia con areolas de luna
entre picaduras de limones y bojotes de caña
sin esperar mejor suerte
viendo al amor con asombro
huir dando alaridos como un perro.
Nadie te enseñó nada del calostro elemental de la vida.
Por eso dejaste a un lado los balines de cristal
y fuiste la bola chocante de afilado respeto
apodado como se apoda el silencio
siempre con miedo.
Pero debajo hay un hombre
y sus miedos son los mios.
Ahora las palabras le salen como soles incandescentes
soles de verdades que no tiemblan
que no disimulan para darte por el pecho
o rajar el vestido que tapa los moretones.
Debajo hay un vencedor
y yo lo prefiero como se prefiere el rojo auténtico de las rosas
o las tibias sales del mar.
Él no me esconde su dolor
tampoco me esconde sus principios.
Lo vivido es un río que corre sin hipocresía
y las aguas son buenas para regar mi experiencia.
Debajo hay un padre
y me ha dicho que su frontera política
su raíz patriótica
es un hijo que espera
sin reparar en sus defectos
sin pensar en las virtudes que tanto alimentan
porque a su edad su padre es como agua
o como leche imprescindible.
Debajo hay un hijo
el niño de libres pajaritos y lagartijos
que ha dejado atrás la púa encarnada
que ha comenzado a pulirse por el otro
y a parir miel del corazón.
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