Si no habla se muere el Tocororo.
Ya no es la verja de hierro el punto débil de su existir,
son otros los motivos de migraña:
razones invisibles que lo hieren durante el vuelo.
Invisibles para aquellos atrevidos que cerraron el ojo del pensamiento
y se fueron a descanzar bajo el manto de Circe.
Él, desconfiado general que no cede a la táctica de las adulaciones
ni a las pociones de Mandrágora,
ha visto en el camino la encrucijada.
Y no teme dejar de ser por llenar de energía los colores de la libertad.
Prefiere encomendar el alma a los Orishas de la isla
a callar como los verdaderos traidores.