miércoles, 31 de octubre de 2012

Silencio en mi silencio



Agua inquieta el pensamiento.
Sal nutritiva de los arrecifes
en las raíces de la infancia.
Expedito horizonte de mis ojos
en las odres de los años.
Que dulce patrimonio va siendo la vida.
No hay pésame ni llanto.
Pletóricos de ganas están los vírgenes cocoteros.
Celosos los lagartos de la muchachada del verano.
Hay fiesta en el club de los aguafiestas
y  fértiles sombras  en el espejo del río.
Te siento mi pueblo en la sangre.
Creciente levadura en mi epicentro.
Tus hijos de aserrín.
Tus hijas de alquitrán.
Bajos los ranchos de guano
Las tardes  se mecen en venerables chinchorros.
¿Qué sería sin ti arena y mar, hicacos y cascajos?
¿Qué haría sin tu beso de zorzal sin tus ojos de cangrejo?
Verde penacho del corazón
pasto de gallinas y cerdos sin calendarios
Sólo para mi es tu secreto de callado guardián
la heroica vigilia de la noche
y el cobre de la virgen de los aposentos.
Cada vez más lejos de olvidarte
cada vez más cerca de mi mismo
de empinar los papalotes que jamás se fueron a bolina
ni olvidaron la ruta de los vientos
ni el sagrado camino a la montaña
ni la atrevida travesía de la yagua.
Viento viento necesito para rememorarme en los almendros
y gravitar en este paseo como las hojas
para que un día regresen a la playa
las balsas de bambú. 


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