Percibí en los ojos una imagen. Hasta entonces no existió nexo entre él y yo. Comenzamos a habitarnos con una extraña sensación metafísica. Tenía en las manos un instrumento mortífero, frío; hasta el pánico. Supe que había sentido desde la muerte.
Realmente no deseaba disipar un espíritu, sino algo material que pudiera devolverme a la vida. Volví a azorarme en sus pupilas y al instante- si es que lo hubo- advertí una pulsación en su cuello. Afluyeron a mí todos los canales energéticos y preso ya del instinto escuché sus estertores. Pronto se fue perdiendo la nitidez. Me sentí libre e intemporal, y allí ante el espejo, quedaba poseído mi cuerpo.
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