martes, 19 de febrero de 2013

Bembé de manigua.



Me remonto al pasto
donde yace el polvo del abuelo mambí:
alimento la vaca sagrada
de la abuela.
Prendido está ese recuerdo.
Asumo la memoria encendida de mi ancestro
y parto el rayo montado en la cabalgadura.
Pido
un trago de ron 
para el escolta del general Antonio Maceo
y agua fresca para el centauro
que no reposa.
Pido más, pido fuego
y la llaga en mi lengua 
se torna un arabesco
mientras la abuela da tumbos
en el gallo violáceo.
Escupo el dolor con alegría
la manigua se disloca en la barba de un aparecido.
Los cobardes se persignan
y el santo libera la metáfora
a machetazos.

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