Me remonto al pasto
donde yace el
polvo del abuelo mambí:
alimento la vaca
sagrada
de la abuela.
Prendido está ese
recuerdo.
Asumo la memoria
encendida de mi ancestro
y parto el rayo
montado en la cabalgadura.
Pido
un trago de ron
para el escolta del general Antonio Maceo
y agua fresca para
el centauro
que no reposa.
Pido más, pido
fuego
y la llaga en mi
lengua
se torna un arabesco
mientras la abuela
da tumbos
en el gallo
violáceo.
Escupo el dolor
con alegría
la manigua se
disloca en la barba de un aparecido.
Los cobardes se
persignan
y el santo libera
la metáfora
a machetazos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario