Fecundas fueron las horas de vigilia
cuando de un sólo machetazo
echaba diez cabezas del enemigo
al fogón de su garganta,
en una época de hombres que peleaban como fieras por la libertad
arrebatándole a la muerte la eterna semilla de la vida.
Abiertos ahora los caminos que nos unen
el guerrero tiene derecho
y guarda los cauris bajo las tapas de las órbitas
en aparente reposo.
Nos advierte de los feudos modernos de la mentira
donde se desvirtúa -para robarlo- el yacimiento de la raza :
lumbre y legado del rayo
de piloso crecimiento en el rostro
que le ha hecho templo
en el útero de la montaña.
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