Jorobado y deforme con el vientre obtuso
renegado de la verdad y de la vida
vas en tu cápsula magnética envuelto en otra de mentiras
como un sacerdote desnudo debajo de la sotana
o como el rey que ofrece flores con las manos llenas de sangre.
Me encantaría sacudirte por el eje todo el mal que te circunda
y dejarte sólo el perfumado jardín
y las espontáneas canciones que llegan con la luz
y la luna preñada en medio de la noche.
Pero espero al tiempo y su cosecha
que desobe el milagro en la portada de tu máscara ridícula
para enseñarte que sigue siendo el corazón
un arma formidable.
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