Y el hierro que razonaba
Encarnó la cera
Junto al fuego de la cruz,
Cediendo la frente
Al beso de la bendición.
En el reloj antes blindado
Penetraron balas de luz,
Plomos de justicia,
Flechas de la verdad.
Quien reposaba ya inerte,
Fiel admirador con pupilas de piedra,
Con ojos de candelabro
Se levanto a caminar.
El amor, Dios en el tiempo, le enseñó.
Y el hombre que aceptó el fuego
En virtud se hizo inmortal.
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