Para Zulay Piña
en el rincón de los ignorados
la rueda del telar persiste
y ofrece hilos de araña
al ojito de la luz.
Celosos los taburetes
se mecen como fantasmas
en la oscuridad. Despiertan
una pléyade de luciérnagas
que vuelven al reposo
en un minuto
sobre el moho y el polvo.
Un jarrón,
el que antes fuera general de los adornos,
se complace en su retiro
y se deleita en el espectáculo que la luz
ofrece
en las transparentes hojas de la malanga.
La araña, callada y paciente,
hace yoga con la saliva
para llamar la atención.
La vida se salva con misterio
en los recuerdos.
Me han encantado. Gracias por compartirlo.
ResponderEliminarAna Gutiérrez