Me jusgan en secreto
moscas con alas de serafines.
Me muestran en secreto
el sofisticado teorema del miedo.
Observo sin pasmo las frías maniobras
sobre el estiércol de la muerte.
Apuntan las delicadas trompas.
Cuchichean de mis pústulas
y en el estómago les revientan las salivaciones;
gas que alimenta la neurosis
que se traga el abismo
como grito en remolino de negrura.
¿Cobardes meretrices del demonio,
no saben que somos inmortales,
que Dios a coronado mi lengua con carbones encendidos
y bendecido mi cuerpo con la armadura de su sangre
tiempo antes de la batalla?
Mi regalo viene de las alturas
por un camino de soles invariables
como tórrido jinete
a cabalgar el horizonte de la frente
donde empollan las galaxias einstenios de luz
para endulzar las charreteras de mis fieles generales.
La partida es un resguardo
en la sotana del altísimo
un abrigarse en la melena de León
un deleite en su morada
libre patinaje por calles de esmeraldas
larga reflexión a la sombra de girasoles
que regresan
como áureos rayones en la noche.
El regreso será un encuentro
afinado en la garganta del gallo
los corazones
harán eterna una mañana de justicia y salutacion.
Y como imperio será la brisa
en la fogosa nariz de corceles
que se pierden en la pradera ,
y de la memoria
para siempre
el pecado.
Después será tu beso mi jornada.
Ahora, ríe en el Oro mi genética,
y las miro hundirse sin misericordia.
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