tajadita del cielo
quién te ha servido en mi mesa de terciopelo.
Tus pechos son luciérnagas
que han salido a deambular
por los íntimos pasillos de la nocturnidad.
A tientas voy
la boca atenta
tras los cristales del sudor
entre sombras que se mecen como anémonas de mar.
Y hay vuelo
y hay promesas
y hay un tibio manantial
donde zozobran los suspiros que no saben trasnochar.
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