a mamá en su día
está la voz de mi madre.
Su grito en la lejanía,
como luz en el ojo de la tormenta,
endereza nuestros caminos.
Allá está la cabeza vencedora del sufrimiento
bendita para ser brújula de mi destino
en medio de los ríos crecidos de la vida.
Nos esperan sus pupilas,
que tantos insomnios acurrucan,
con la dulce ferocidad de los instintos,
desafiando todos los peligros.
¿Y aun no saben de qué fibra está hecho tu amor?
Dios te me has vuelto mi madre.
Madre te me has vuelto mi dios
en el presentimiento
en el tiempo que corre
en la soledad de las paredes
en las cabezas que se peinan día tras día
con la estoica persistencia de tus manos.
Y yo que no tengo ahora para darte
felicidad que no sea
ser digno fruto de tu vientre.
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