Madre, nos veias mucho antes
como adivinando nuestros pasos en los rincones de la casa,
uno cazando en la aurora los caracoles del mar,
el otro atorado con el oxígeno de los hospitales.
Nos divisabas desde la callada latitud de tus pupilas,
trenzar las rutas
que se van a conocer el mundo por caminos diferentes,
y sabia esperabas en tu corazón, todos los encuentros.
Él regresaba del alto paraiso acariciando nubes, y yo retornaba
por el cauce de los ríos enmarañado en las burbujas de los peces.
Los dos reunidos en el cálido aposento aun sin saber la música de tu vientre,
porque tu madre, nos conocias de memoria, mucho antes de que el sol
se nos volviera una lágrima en los ojos.
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