Planto una butaca reflexiva
en una esquina de mi existencia.
Fluyo hacia la noche
como una barca temeraria.
El viento atiza un remolino sin decisión
que arrebata los pensamientos de sus frágiles sostenes.
Queda la mente en una nube blanca y paralela
a los meridianos invisibles del cielo
donde se define un coagulo gris:
Hay tremulaciones que se parecen a los miedos
pienso cuando se esconden tímidos los relámpagos,
yo los veo
y los respiro sembrando mis dedos en la tierra
como para estar más cerca de mismo
y olvidar que no soy nada
que no soy nadie.
Sólo Dios es ahora.
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